martes, 23 de septiembre de 2014

El fallo de la clase media opositora (y como @ChuoTorrealba coordinando la MUD podría corregirlo)

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Ni toda la oposición es clase media, ni toda la clase media es opositora. Pero este post va dirigido a una falla en la que incurre frecuentemente la intersección entre clase media y oposición venezolana. Intersección de la que soy parte, y por eso comparto este ejercicio de autocrítica.


Empecemos con la historia de la señora Carmen: Carmen López tiene 4 hijos, 3 nietos y gana sueldo mínimo trabajando en el sector público. Tendría que ahorrar casi 80 años todo, absolutamente todo su sueldo, para pagar los 4.000.000 bs que cuesta en septiembre de 2014  una casa sencilla en Guarenas de 90 metros cuadrados. Así que su única esperanza es la lista de Misión Vivienda, en la que se anotó con ilusión hace un par de años. Carmen está registrada en el PSUV. No es que le fascinara el partido, pero le gustaba Chávez y pensó que su familia tendría más oportunidades si se inscribía.


La señora Carmen no entiende que la inflación que no le permite comprarse una casa está relacionada directamente con el irresponsable manejo macroeconómico de los gobiernos del fallecido Hugo Chávez y de Nicolás Maduro. “¿Del mismo gobierno que decreta precios justos? ¿Del mismo gobierno que dice que los pobres somos lo más importante?” Su hija Karina, que trabaja por su cuenta, le explica que eso de los precios justos es lo que origina la escasez, pues es como si a ella la obligaran a hacer y vender sus empanadas por menos de lo que le cuesta el aceite, la harina,  la carne molida y su trabajo. Karina desconfía del PSUV y la desesperan las cadenas de Maduro, pero se queda callada en el barrio “para no meterse en problemas”.


Los chavistas no han podido (o querido) resolver la pobreza estructuralmente. Los más pragmáticos, porque intuyen que la dependencia del gobierno es clave para seguir con el coroto. Los más idealistas, porque aún esperan la gestación del Hombre Nuevo, que sepa vivir feliz y con poco. Mientras tanto, el desastre económico. Y la clase media opositora se pregunta: ¿Por qué la señora Carmen sigue votando por el PSUV? 


La respuesta está en lo que el chavismo ha hecho bien: palpar la pobreza en rostros concretos. En historias individuales y comunitarias con las que ha sido capaz de conectarse. Por el contrario, gran parte de la clase media opositora ha fallado en entender las narrativas de superación familiar, las recompensas simbólicas de acceder a experiencias a las que uno nunca había accedido antes.


Por ejemplo:  lo mejor que le ha pasado recientemente a la señora Carmen es ver a su hijo menor, Goyo, con el birrete puesto, recibiendo el diploma de médico comunitario. Nadie de la familia López se había graduado hasta ahora. Cuando algunas personas de la oposición atacan estos programas por brindar una educación mediocre, atacan sin querer estas percepciones de superación.


Ojo, no estoy diciendo que nos conformemos con servicios gubernamentales regulares tirando a malo: se trata de ponernos en los zapatos del otro a la hora de hablar de todo lo que pueden mejorar las misiones. El reto es entender los programas sociales no solo en lo práctico; también en lo simbólico.


Me gusta Chúo Torrealba como secretario de la MUD porque es una señal clara del peso  que debe tener la sensibilidad social en las propuestas y discurso de la Unidad. Estoy convencida de que esta conexión con lo social es una tarea pendiente no sólo en Venezuela, sino para las clases medias en todo el mundo. El momento de vincularse les ha llegado a unas más rápido que a otras.


Pero un Chúo no es suficiente. Conectar con las personas en situación de pobreza no corresponde únicamente a líderes políticos o comunitarios. Requiere tiempo y energía de todos, recursos también escasos en un país sumido en múltiples crisis.  Pero hay que insistir, pues el contacto y la empatía es lo que permite que aquellos que no hemos vivido la pobreza en carne propia podamos entender mejor el análisis costo-beneficio de las personas más vulnerables.


No se trata de ir con mentalidad de conquistador o vendedor de enciclopedias que porta “la verdad”. El reto es estar abierto a aprender y aportar. Aventurarse a entrar en el mundo del que opina diferente. Conocer su historia, sus anhelos, e imaginar sus razones para pensar como piensa. Conectarse emocionalmente, y que esa atmósfera albergue discusiones enriquecidas por distintas perspectivas. Se trata de generar confianza, de hacerse amigo de la señora Carmen. De empoderar a Karina para que no se sienta sola explicando el origen de la escasez en el barrio. De comentarle a Goyo, el médico comunitario, que podría dar un taller de primeros auxilios a los vecinos en tu urbanización. Finalmente, se trata de crear vínculos que vayan más allá de un evento electoral. 



@darielasosa

*Foto cortesía Hoy Es Noticia 

1 comentario:

Ana Cristina Fabregas dijo...

Muy bueno Dari!!! Excelente reflexión!!!!

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